¿Qué se siente manejar un autobús de Metro?

María Luisa Arredondo conduciendo un autobús de Metro. Foto: José Ubaldo/Metro.

¿Se han preguntado alguna vez qué tan difícil es manejar un autobús de pasajeros? La respuesta, obviamente, depende de la pericia de cada individuo y, sobre todo, de su actitud y disposición para aprender. En lo personal, les puedo decir que hoy tuve una probadita de lo que se siente y, para mi sorpresa, no solamente no fue tan complicado como me imaginaba, sino que me encantó.

Debo confesar, sin embargo, que tuve todo a mi favor. Para empezar, el lugar donde practiqué fue ideal: el enorme estacionamiento del Hipódromo Santa Anita. Gracias a una invitación de Metro, este lugar estuvo hoy a la disposición de periodistas con ánimo de sentarse detrás del volante de un autobús, con el objetivo de sensibilizarnos acerca de los retos que enfrentan diariamente los choferes.

El segundo factor que me ayudó fue que tuve a un maestro inmejorable: Vincent Wilkes, quien es supervisor de Operaciones de Transporte en Metro. Con toda la paciencia del mundo, Vincent me explicó los pasos básicos para echar a andar y controlar el autobús.

“Prueba el freno para que veas hasta dónde le tienes que apretar para que no nos vayamos contra el parabrisas; oprime el acelarador casi hasta el fondo para que el autobús empiece a andar y después manéjalo como si fuera tu auto”, me dijo Vicent y así lo hice. Al principio, estaba sumamente nerviosa, pero poco a poco, empecé a relajarme y a sentir cada vez más confianza, gracias a las instrucciones claras y sencillas de Vicent. Lo más difícil fue estacionarme en un espacio reducido y con todas las llantas perfectamente alineadas.

La experiencia que tuve, desde luego, está lejos de asemejarse a lo que cada día viven los conductores de autobuses. Como dijo Vincent, “lo más fácil es aprender a manejar los camiones, sobre todo ahora que el volante tiene dirección hidráulica y los asientos se pueden ajustar y son muy cómodos. Cuando yo empecé a manejar, hace más de 20 años, no teníamos esas comodidades”.

El verdadero reto, como me explicó Vincent, es lidiar con el público. “Cuando uno sube a un pasajero, nunca sabe si va ser una persona tranquila, si está enferma, si va a requerir atención de urgencia, si va a molestar a los demás o si tiene intenciones de causar un problema”.

María Luisa Arredondo, luego de conducir un autobús de Metro. Foto: José Ubaldo/Metro.

Si a esto le añadimos el hecho de que las condiciones del tráfico no siempre son las mejores pues además de los congestionamientos, a veces hay accidentes, calles cerradas, conductores impacientes que se atraviesan donde no deben, gente que cruza las calles sin fijarse, etc., etc., nos podemos dar una idea de los retos a los que se enfrenta diariamente un conductor de autobús. Sólo de pensar en todo esto, lo único que me queda es simplemente reconocer el enorme esfuerzo que día a día realizan quienes están detrás del volante para llevarnos sanos y salvos hasta nuestro destino. Ahora, la próxima vez que me suba a un autobús, estoy segura que veré al conductor con más aprecio y respeto por su trabajo.